domingo 9 de mayo de 2010

El PP (surrealista) quiere gobernar desde la oposición

La realidad es que se está consiguiendo que a fuerza de repetir disparates terminen por parecer cosas razonables. Mariano Rajoy no tiene ningún problema en afirmar que está dispuesto a apoyar al Gobierno, siempre que este aplique las ideas del líder del Partido Popular. La afirmación es terrorífica. Primero, ¿cómo sería posible que el PP dejara de apoyar al gobierno socialista si este aplica las ideas del PP? Segundo: ¿cómo un gobierno va a ejercer sus obligaciones aplicando las ideas de la oposición y renunciando a las suyas? Y, tercero y más importante: ¿qué legitimidad tiene el partido que ocupa la oposición y que ha perdido las elecciones para pedirle al ejecutivo que sustituya sus políticas por las de quien no tiene la confianza de los ciudadanos?

Lo correcto sería que el PP dijera que no quiere apoyar al Gobierno ni en situación de excepcionalidad; es insoportable que esta evidencia se intenté disimular con la pretensión de que no ayuda al Gobierno porque este no claudica de sus ideas. Lo que pretende el PP es como casi siempre burlar las consecuencias razonables de sus propios actos.

La política se aleja de los ciudadanos en la medida que el surrealismo sólo es comprensible por las minorías que están interesadas en sumergirse en un modelo cultural complejo e intensamente contradictorio entre la realidad visible con otra impuesta por objetivos dirigidos a evitar la racionalidad sustituyéndola con otra inventada al efecto.

No creo que el surrealismo sea un movimiento cultural enraizado en la calle Génova; sin embargo, lo practican con el cinismo de quien cree que todo viene bien si conviene. Mariano Rajoy hace declaraciones cotidianas de sumisión a la Justicia al mismo tiempo que proclama que Francisco Camps será candidato independientemente de lo que digan los tribunales. El PP anuncia la ruptura del pacto por la educación porque después de semanas de negociación y de concesiones no se asumen íntegramente sus postulados.

La parroquia del PP se está acostumbrando a creer a pies juntillas los mayores dislates sólo por la solemnidad con que se repiten. Y ocurre que en la derecha extrema están asentados medios de comunicación que constituyen un eco inagotable de tales despropósitos. Mientras, la maquinaria de publicidad del Gobierno es un talabarte que no tiene la más mínima utilidad. Así se prepara el camino inevitable para que el Gobierno se instale en la oposición. Es de libro.


Carlos Carnicero es periodista y analista político
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